La habitación estaba muy iluminada y yo recostada en mi cama, a punto de dormir. Víctor estaba sentado en una silla frente a mí y de pronto llamaron a su celular. En tanto que él platicaba con ese alguien, yo intentaba acomodarme en la cama para poder tener un sueño placentero, y repentinamente comencé a sentirme ansiosa y a experimentar un extraño presentimiento. Volteé entonces hacia el otro lado de la cama: una mujer muy delgada, pálida, vestida con una falda negra y con un cabello larguísimo y blanco, caminaba en círculos sobre el otro lado de la cama, mientras jugaba desesperada con sus manos. Pensé: si la toco y se desvanece, comprobaré que es un sueño. Me paré yo también sobre la cama y la tomé con mis dos brazos por los hombros: pude tocarla, era real. Comencé a sacudirla y a gritar con pánico, pero apenas mi garganta emitía algún sonido y, si intentaba gritar más fuerte, menos aun era escuchada. Seguí sacudiéndola hasta que en algún momento regresé, ahora sí, a mi recámara. Lo hice casi sudando y repitiendo una y otra vez: "mamá, mamá..."; jamás había tenido una pesadilla tan horrible, parecía una escena de película japonesa de terror. Mi madre estaba ahí. Eso también es una pesadilla, ja.
