...Y es que hay cosas que uno no...

Tú eras mi curita

miércoles 2 de diciembre de 2009

No es que me guste platicar cosas de este tipo, pero probablemente estaría chido externale a este miserable mundo lo que en los últimos días -y no precisamente en los de mi vida, ¡damn...!- ha ocurrido.



Pues así estuvo el mondongo. Comenzando noviembre -o por ahí-, La Coloreteada se puso rete triste. Sus chapitas se le desvanecieron, se puso medio amarillenta y hasta blanca se le veía la trompa. Nada quedó de esa morenaza de fuego -sí, claro...- de sonrisa medio fea, pero sonriente.



Y pos luego la cosa se puso pior cuando supo que L. tenía chica; quiero decir, cuando supo que L., el jovencito con el que compartió parte de su adolescencia y algunos años más ya no la quería. El día que L. se lo dijo a La Coloreteada, ella no pudo decirle nada de lo que quería decirle y regalarle a él, y quedaron en verse después, cuando él tuviera tiempo, porque ya tenía que irse , seguramente porque "cierta individua" aguardaba su llegada.



Entonces La Coloreteada hasta perdió el apetito -nada de tacos de suadero o cosas que se le parezcan-, no pudo dormir en días, sufrió ataques de ansiedad, vomitaba -lo casi nada que comía- y a punto estuvo de darle una parálisis facial. Era claro que la situación ya había sobrepasado los límites, y fue así que tuvo que pedirle a su jechu, el martes 10 de noviembre, que la llevara con el doitor.



Y ahí estaban la Jechu y su desmejorada hijita de casi dos metros en el consultorio: "Pues sí, doctora, tengo esto esto y también esto y...", y el diagnóstico fue: depresión. Entonces me recetaron melatonina para poder dormir, Omeprazol para la acidez excesiva en el estómago, Tribedoce para que se relajaran los músculos y Prozac, para eso de la gacha agüitada.


Ese mismo día, por la noche, La Coloreteada le regaló a L. su libro firmado y una ocarina en forma de águila -y bien chicles porque también sonaba como águila- para simbolizar que con todo su corazón "lo dejaría ir", pero L. apenas hizo algún gesto y ni siquiera la felicitó por su libro. Así fue de triste, pero lo abracé y me gustó acariciar su cabello ondulado por última vez, aunque él apenas me habla y dice "esperar que me mejore".



Estaba feo el asunto porque además La Coloreteada estaba en temporada de exámenes parciales -Química Orgánica II y Física, ¡para acabarla de amolar!-. No tenía cabeza para nada... ¿quién iba a tener cabeza después de días sin dormir ni comer?, así que les pedí a mis profesores que no fueran gachos y me dejaran posponer los eisámenes.



Ambos fueron flexibles conmigo, sobre todo el maestro de Física, porque la de Orgánica me hará exámen acumulativo... ¡y un examen acumultivo de Química Orgánica II es casi como un hoyo negro!, y entonces comencé a meterle fármacos a mi cuerpo indiscriminadamente: las inyecciones y los otros tres medicamentos.



Miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo seguía con el ánimo más muerto que Michael Jackson, pero todavía pude dormir un poco mejor miércoles, jueves y viernes. Del apetito ni hablar: de plano dejaba la mitad del plato del cereal de la mañana y el resto del día no me entraba nada en el estómago; ni siquiera secretaba la saliva que normalmente es secretada para poder metabolizar los alimentos. Sábado y domingo fueron fatales, la ansiedad no cesaba y aun tomando dos comprimidos no podía dormir.



La cosa entonces sí que estaba fea feita, tuve que ir de new con la doitora el lunes y ¡oh, malas noticias!. Resulta que un porcentaje mínimo de las personas a las que les recetan Fluoxetina les sucede lo que que a mí, es decir todo eso de la ansiedad, la sensación de hormigueo en cara, brazos y piernas, así como otra no muy intensa de sofocación, y pues... ¿qué creen?, que mi muy desagradable persona está dentro de ese porcentaje mínimo.



"Yo no quería -me dijo la doitora-, pero si la melatonina no te ha funcionado, lo que sigue es... ¡chaca cha chán!... C-l-o-n-a-z-e-p-a-m". Qué miedo. Este medicamento es controlado y recetado a personas que convulsionan o padecen el transtorno obsesivo-compulsivo, o que sufren de una ansiedad excesiva. El diagnóstico cambió de depresión a depresión mayor y pues desde entonces comencé a tomar este medicamento. La Coloreteada se subió a la báscula y de martes a lunes adelgazó 2 kgs.



A los 14 días de tomar la Fluoxetina tenía que acudir nuevamente con la doc para ver qué show con el antidepresivo, ya que funciona de manera acumulativa, y pues mi cuate el David me hizo el paro y me acompañó en una clase libre de la universidad. Agarramos un 33 afuerita de la uni y en un segundo llegamos al consultorio.



"Doctora el C-l-o-n-a-z-e-p-a-m -y es que así siento que lo digo desde que lo tomo- me ha funcionado muy bien, duermo mis horas, no me levanto en la madrugada, ya tengo apetito... pero así que diga qué súper-mega-cambio con el Prozac, pos no". Y todo fue tan sencillo como duplicar la dosis: una por la mañanita cuando sale el sol, y otra por la noche de frío entumecedor.



Ahora creo que me siento mejor. Ya llevo algunos días así -y para tener una vaga idea tendría que contar cuántas pastillitas me quedan, porque me siento un poco lenta y probablemente no podría contabilizarlos-, y estoy haciendo cosas que también creo que me hacen sentir mejor. El domingo me la paso junto a mi ventana pintándome las uñas, quitándome las espinillas (de pronto recordé a Bukowski: 'Me inclino hacia el sol tras una cortina amarilla') y epilándome las cejas. Salgo con mi amigo Esteban a trotar y terminando subimos a la azotea de mi casa a aplastarnos y fumarnos unos cigarritos. Todos los días antes de salir de la casa le pido a mi mamá que me dé un abrazo, y ella todos los días me manda mensajes muy chistosos a mi celular, cosas como: "Polita que estés bien, no fumes mucho y te abrigas bien y te portas como una reina y no les hagas caso a los rufianes ok bye". En los recesos entre clases huyo hacia cualquier lugar con un poco de sol y expando mi poco menos voluminosa humanidad cual lagartija veraniega, y para ser más honesta, de cuando en cuando suelto una que otra lagrimita cuando veo los árboles y recuerdo la época en que L. pasaba por mí a mi casa y me llevaba a la universidad, así, todavía modorra y en pants. Llegábamos a la uni y con un frío espantoso me dejaba afuera del salón, y a mí me gustaba abrazar su delgadez con su muy ceñida vestimenta blanca de médico, que me dejaba verle todo todo todo todito. A veces nos toqueteábamos entre la oscuridad de la casi madrugada, ja ja, minutos antes de entrar a la clase de las 7:00 a.m. Qué chido era ver sus brazos morenos bajo su camisa blanca tipo polo, y eso que les pasa a los hombres cuando recién se despiertan... je je. También escuchábamos a los pájaros.



Dicen que de los males el menos pior: pues resulta que en estos pocos días he adelgazado alrededor de 5 kilos. Es increíble: lo que no me quedaba ahora me queda a la perfección y lo que me quedaba flojito ahora me queda enooooorme. Creo que me veo menos cachetona, las caderas se me han afilado un poco e incluso creo que mis piernas se ven más delgadas. Debo confesar que me siento un poco extraña con este nuevo espíritu y esta nueva anatomía.


Mis días se desarrollan casi siempre de la misma manera: me levanto a las 8:00 a.m. con un poco de nostalgia, desayuno cualquier cosa -casi siempre fruta con yogurt y granola, y una gelatina-, me preparo mi lonche para el trabajo, me meto a bañar tallando enérgicamente todo lo que pueda tallarse, eso sí, mientras escucho música en mi celular -procuro que no sea música que me recuerde a L.-, terminó y me medio arreglo para ir a la universidad. Acabándome de poner el abrigo tomo mi mochila, mi "toper", mi botella de agua y reviso que traiga lo básico: llaves, dinero y el celular, salgo de mi casa y me voy caminando a la universidad. Hago poco menos de 20 minutos y tomo mis tres clases. Terminando corro con mi compa el David hasta la parada de camión, esperamos el 35 y nos vamos dormidos en el armatoste hasta que llegamos a nuestro destino: mi trabajo y su casa, que está a unas cuadras de donde laboro.


Aquí quesque trabajo y con hoy llevo 3 días haciendo este post mientras tomo té rojo, tratando de desmenuzar mi existencia durante todas estas semanas. Reflexiono, me detengo frente al monitor, escucho a mis jefes hablar, contesto alguna que otra llamada telefónica de algún cliente y a veces volteo a la derecha, hacia el enorme ventanal y pienso que estos últimos días han estado nublados y han sido fríos. A veces también me dan ganas de llorar y pienso que L. tiene frío. Me volteo a ver los pies y me da risa al verlos: ahora tuve que ponerme calcetines porque siento mucho frío, y eso de traer calcetines es algo inusitado en mi persona. Todos aquí me dicen que son calcetines de viejito, porque son de color café; la verdad es que son de mi papá.


Al final de la jornada laboral, ya que lavé mi taza y los recipientes donde traigo mi comida, arreglo mi escritorio, tomo otra vez mi mochila y camino hasta Alameda a tomar el 19; cuando llego ya traigo las manos y la nariz heladas. A veces tengo suerte y el camión llega tan pronto que no tengo tiempo para recordar a aquél, pero a veces no y con el trino de las aves del camellón pienso en L., y entonces es como si alguien me atravesara un desarmador entre las vértebras.


Tardo alrededor de 40 minutos en llegar, y como el C-l-o-n-a-z-e-p-a-m me tiene medio adormecida, pues me vuelvo a dormir en el camión y es hasta que el chofi me echa un chiflidito que despierto la mona y entonces sí camino hasta mi casa.


Abro la puerta, saludo a mi Jechu, me dice que se enojó con mi hermano -pero a mí no me preocupa, porque sencillamente no puedo hacerlo-. Me tomo mi Fluoxetina de la noche, me ceno cualquier cosa o a veces sólo un choquito, y varias cosas pueden pasar antes de que me tome el C-l-o-n-a-z-e-p-a-m -debo tomarlo antes de dormir-: huyo hacia la casa de Esteban para fumar un ratón, huyo hacia la casa de Arlette para platicar cosas poco importantes aplastadas sobre su sillón -también mientras fumamos-, entro a internet para hacer o deshacer una que otra tarea, o me hago acompañar del Esteban para ejercitarnos en Canal Interceptor. Lo que más me gusta es el estiramiento que hacemos al final. Apenas y podemos correr o trotar, siempre me trae botada de la risa con todo lo que dice -y hace- y más bien me dan ganas de arrojarme al pasto para emitir deliberadamente mis carcajadas. Él me ha echado mucho la mano -y en buen plan... je je-.


Me he acercado a mi familia, me he acercado a mis amigos, la gente que quiero siempre está ahí para darme un abrazo si lo necesito. He recibido apoyo incluso de quien no lo imaginaba, hasta mi papá me invitó a desayunar al café Terán, eso sí, aprovechó para echarse un ajedrez, me dio una lana y hasta me pagó el taxi a mi cantón.


Desconozco hasta cuándo el Prozac me hará sentir mejor -creo que ya comienzo a sentir algunas cosas, pero como siempre he estado medio rara, la verdad es que no sé ni qué transa-, y buscando alguna conclusión podría decir que mis días son como una montaña rusa en uno de cuyos vagones me encuentro plácidamente dormida, mientras el sujeto de al lado vomita sobre mi hombro ante mi somnolencia.


Pero eso sí, cada vez que despierto y me veo estas ojeras y la cara flaca frente al espejo mientras me lavo los dientes, una sensación agridulce me da un poco de paz, porque... ¡juro que con mis pastas, voy a ser más feliz que L.!



4 comentarios:

Carlos dijo...

Hola, que bueno que ya estas mejor, reconstruir la vida siempre es tardado, pero tiene sus lados positivos, uno hace dieta sin saber :P, yo baje hasta 14 kilos y juro que queriendo no lo logro y la verdad que bien se ve uno al espejo, bueno con ojeras pero delgado. Yo ocupe el Lorazepam pero una vez por accidente me dieron Midazolam y te juro que jamás descanse tan bien jeje (es dato curioso, no recomendació)

Blackbird fly dijo...

Un abrazo niña hermosa, recuerdo ese día que te conté mi mega historia de decepción entre lágrimas.

Es difícil pasar estos trances pero a final de cuentas se puede, y aprendes que la vida no es sólo esa persona, y que dejaste tanto a un lado. La cosa es recuperarlo.

ѕeяcн dijo...

Leer este post fue como recordar aquel domingo.

Paso a paso, pero pronto todo irá mejor, ya verás que sí. Serás como un ave fénix =).

Saluditos!

Karabá dijo...

Ay, y a mí me andas haciendo llorar!
¿te digo un secretito? tmb yo he tomado de esos "pams"... por razones similares. Keep that chin up, girl!