...Y es que hay cosas que uno no...

Una de miedo

domingo 26 de septiembre de 2010

La habitación estaba muy iluminada y yo recostada en mi cama, a punto de dormir. Víctor estaba sentado en una silla frente a mí y de pronto llamaron a su celular. En tanto que él platicaba con ese alguien, yo intentaba acomodarme en la cama para poder tener un sueño placentero, y repentinamente comencé a sentirme ansiosa y a experimentar un extraño presentimiento. Volteé entonces hacia el otro lado de la cama: una mujer muy delgada, pálida, vestida con una falda negra y con un cabello larguísimo y blanco, caminaba en círculos sobre el otro lado de la cama, mientras jugaba desesperada con sus manos. Pensé: si la toco y se desvanece, comprobaré que es un sueño. Me paré yo también sobre la cama y la tomé con mis dos brazos por los hombros: pude tocarla, era real. Comencé a sacudirla y a gritar con pánico, pero apenas mi garganta emitía algún sonido y, si intentaba gritar más fuerte, menos aun era escuchada. Seguí sacudiéndola hasta que en algún momento regresé, ahora sí, a mi recámara. Lo hice casi sudando y repitiendo una y otra vez: "mamá, mamá..."; jamás había tenido una pesadilla tan horrible, parecía una escena de película japonesa de terror. Mi madre estaba ahí. Eso también es una pesadilla, ja.

Lorena

martes 14 de septiembre de 2010

Así se llama mi sicóloga. Es una mujer de 26 años, o por ahí, que con toda la paciencia del mundo ha llevado mi caso durante casi 7 meses.
No puedo describirla y decir que es una diosa, aquel único ser sobre este planeta que algo ha podido hacer con mi persona. Lo que sí puedo decir es que con todo el compromiso del mundo se ha metido (más de lo que he dejado, incluso) en esa jungla habitada por orangutanes salvajes que ha sido mi vida. Las sesiones con ella duran una hora, una vez a la semana, y en las más de las ocasiones nos hemos extendo hasta dos, dos horas y media, sin que ella reciba un sueldo por ello pues es un servicio que se da gratuitamente por parte de la universidad. Una de dos: o me vio muy necesitada de ayuda o con mucho compromiso para correr de mi problemática, pues de otra manera creo que su actitud sería distinta.
Mucho ha pasado (como siempre pasa en mi vida) desde el primer día en que acudí con ella. Algunas cosas mejoran, otras tal vez no, pero siempre he puesto mi fe en que ella me escucha e intenta ayudarme desinteresadamente, en que no le importa que le deje ahí toda mi basura una vez por semana.
Tengo que admitir que al conversar con ella muchas veces me doy cuenta de que incluso yo soy más intuitiva, hasta he llegado a pensar que yo sería mejor sicóloga que ella si esa hubiera sido mi vocación, ja ja ja, pero la realidad es que sentada frente a su persona y al oírla de inmediato me ubica en la realidad mundana. "Esto es lo que pasa, el aquí y el ahora y punto, escuincla". 
Además, en una ocasión vi sobre su escritorio un libro de José Emilio Pacheco, escritor que en realidad me gusta. Desde entonces decidí abandonarme un poco más y ceder un poco con mi confianza.

Un "pasón" de felicidad

martes 16 de febrero de 2010

Para aquellos que no lo sabían, en cierta ocasión y con un empujoncito de mi amigui Arlette, medio le quise entrar a eso de la farándula aguascalentense y, aunque con mis reservas, comencé a trabajar como modelo de arte en la Licenciatura en Artes Visuales -justo frente a la Escuela de Danza, de donde constantemente veo entrar y salir a gente muuuy pero muuuy particular. Lo mismo han de pensar ellos de mí que, sin pudor alguno, me quito la ropita para que algún chavito de 18 dibuje mis bonitos aquellines.



Luego dejé ese asunto durante un ratito (tiempo en el que también conseguí otros trabajos "especiales", como el de correctora de estilo en Tribuna Libre), y comenzando el año recibí una llamada inesperada pero al mismo tiempo más que oportuna. Me dijeron: "Querida Coloreteada, la coordinadora de modelos (de la licenciatura) ya tiene tu horario para que trabajes otra vez con nosotros: martes de 8:00 a 11:00 a.m. y jueves de 9:00 a.m. a 3:00 p.m.".



El trabajo llegó sin siquiera buscarlo y entonces recordé cuando Chuy Reyna me dijo que la depresión era una enfermedad de ricos, y como tiene toda la razón y a mí en la panza no me crecen dólares sino pelos, de inmediato acepté la oferta, sobre todo para comprar mis medicamentos sin remordimientos económicos, pero también para meterme en problemas y mantener la poca atención que puedo prestar en algo que no sea en esto de hacerme la enfermita.



"¿Cómo que para meterse en problemas?", se preguntarán mis groupies, pues ahí las va todo lo que pasó y pasa con mis ahora dos chambas y la universidad:



El laboratorio de Fisicoquímica I lo tuve que cambiar de jueves de 12:00 p.m. a 2:00 p.m. a los lunes en el mismo horario, pero antes tuve que ir con el presidente de academia ya con los labios pintados y las pestañas enrimeladas, hasta me puse los lentes para verme más lista o nerd (o sexy) que dopada, porque como tuve que ir a buscarle muy temprano, a esa hora todavía el efecto del Clonazepam no permite que mi boca responda a lo que pienso y necesitaba ser la más ecuánime ante un gordito, barbón, ojiverde... y MATEMÁTICO. Total que sí se pudo y ahora los lunes (en que me levanto a las 5:30 a.m. para llegar a las 7:00 a la clase de Bioquímica I, que por cierto me imparte el rector), y en el laboratorio me encuentro rodeada de alumnos de Agronomía -ya que tuvieron que cambiarme de grupo- que no saben como carajos usar un densímetro, pero eso sí, están bañados en oro. Eso es vida y no la mía -ni la de ustedes jo jo jo-.



También fue un show conseguir una constancia de labores por parte del ICA, la que me urgía para justificar tooodas las faltas que tengo en varias materias y así poder perseguir el sustento y mi felicidad tratando de conservar el derecho a exámenes en Óptica, Probabilidad y Estadística, Fisicoquímica I y Bioquímica I (o sea todas las materias que llevo).



Y bien, entre todo esto hay que considerar que, por la tarde, precisamente de 2:00 p.m. a 7:30 p.m. de lunes a viernes y sábado de 10:00 a.m. a 3:00 p.m. trabajo en "Supercómputo", tratando de responder y la mayoría de las veces más bien entender el montón de preguntas que me hacen por Mercado Libre, calificando usuarios, enviando números de guía, contestando el teléfono, albureándome con los de la bodega, abrazando a mi amiga Karla y recogiendo cada 10 minutos el desorden que deja su hija en mi escritorio.


Y aunque no lo crean todavía tengo tiempo de comer y, ya casi saliendo, de fumarme un cigarro antes de llegar a la casa, donde siempre me espera mi Jechu y yo me río al llegar imaginándome el drama que me haría si supiera que ahora más de 60 personas conocen de memoria este cuerpesote con estrías y senos casi imperceptibles, moleculares a caso, de piernas kilométricas y con casi 20 kilos menos que hace 3 meses. Ahora en la calle los ciclistas/motociclistas/albañiles/taxistas/chofis/gaseros/traileros ya no me gritan: "¡Te cabe la de un burro!", sino "sht sht, flaquitaaa" o "garrochitaaa, merezcooo", que también suena feo que sin lugar a dudas no tanto como el primer halago.



Sobran decir, seguramente, los detalles que este ritmo de vida ha traído consigo: con frecuencia llego tarde a alguno de los trabajos; algún maestro o jefe hace como si no le molestara (pero yo sé que sí). Gasto en taxis o si tengo tiempo viajo en bus con mi mochilota, donde traigo hasta el rubor y el rímel, y otra donde siempre deben estar mi bata blanca para el laboratorio, mi lonche y los lentes de seguridad, en cuyo estuche siempre guardo un condón, y es que una nunca sabe cuándo serña hora de sacar todo ese estrés, ja ja ja.

Lo raro del asunto es que el domingo todavía me queda pila. Y más raro fue aún el domingo pasado, pues pese haberme tomado 2 de Clonazepam el sábado y dormirme a la 1:00 a.m., el 14 de febrero desperté a las 10:00 a.m., y es que en mi caso, sin tomar medicamento, dormir 9 horas es como apenas pasar por la primera etapa del ciclo del sueño, lo que tomé era como para no despertar sino hasta el lunes, y eso hubiera sido lo ideal pues... ¡ah qué domingo viví!.


Bien. Era un 14 de febrero. Había sol y un día anterior había cobrado mi quincena, la que por cierto resultó ser muuucho mejor de lo que me esperaba, y aunque en realidad el día de San Valentín no representa para mí la gran cosa, recordé que el año pasado y hasta la fecha un chichiputal, perdón, titipuchal de gente estuvo conmigo cuando más lo necesité con eso de lo de la depresión mayor. Es así que decidí bañarme, arreglarme bonito y salir al centro a comprar y envolver regalos para todos los que de alguna manera han tenido la función de un pilar en mi vida.


Así lo hice y como Santa Claus me pasé todo el domingo escogiendo los regalos más especiales y las envolturas más hermosas, aunque en lugar de renos de nariz roja hice uso de camiones urbanos para repartir tanta cosa. Ahí estaba yo entre hedores no muy agradables, entre cajas y corazones de He (o sea, Helio, para todos aquellos que no tuvieron que aprenderse de memoria la tabla periódica).


Vi a R. y después de felicitarlo en el Café del Codo me llevó a la casa de Arlette, a quien por cierto le regalé un ramo de follaje, sí, de follaje, y es que a Arlette no le gustan las rosas y en la florería no contaban con otro tipo de flores. El regalo que le quería dar a Arlette en realidad sigue en una tienda del centro, y es que como no abren los domingos no pude darle lo que quería y en su lugar le di el ramo y una hojita donde le pinté una pista de su obsequio. Todavía no voy por él y mientras tanto Mío (uno de los gatos de Arlette) ya se comió dos de las florecitas moradas del ramo.


De la casa de Arlette me fui a la casa de C. cargando su bonito presente, y después de ver su rostro más que feliz por lo que le regalé, nos pusimos a platicar y de pronto él sacó un cigarrito de Mary Jane. "Hey hey hey, dude, que a caso yo soy transparente" le dije a C., así que él todo buena onda me forjó uno igual que el suyo. Cuando empecé a darle cran la verdad es que me importó un... un... un hermano el que 20 minutos antes me había tomado mi Paroxetina (el antidepre), y al paso de poco tiempo las cosas se pusieron raras.


De pronto escuchaba y veía a C. y todo me parecía como un déjà vu. Al darme cuenta de que sentía las manos y los pies terriblemente helados, y de que estaba costándome muchísimo trabajo concentrarme en lo que decía, tuve que decirle que no me sentía bien y apenas pudo llevarme a recostar. Entonces ya sentía como contraídos los músculos de la cara, pero C. me dijo que no tenía nada y me puso entre las manos y debajo de la cobija una taza de té caliente muy azucarado, porque por cierto no había comido.


Para no hacérselas de bistec, me basta con decirles que mi "mal viaje" o mi "pasón" me hizo pasar por todos los estados de ánimo, del llanto desgarrador a la euforia completa, eso sí, pasando por la terquedad de una cabra, y de no ser por la asistencia de C. seguramente hubiera terminado en el hospital, para pasar ahí 24 horas con mi madre a un lado tan sólo esperando mi recuperación para decir todo aquello que le gusta decir, y que yo también ya me sé pero soy más terca que unos calzones entre las nalgas. "Ojalá tus amigos estuvieran aquí para que tomaran registro de cómo te pones", me decía C. mientras yo reía de alguna cosa.


Pasaron los gachos efectos y en chanclas C. me acompañó hasta mi casa en taxi, y no sé cómo le hice pero llegué, abrí la puerta y por suerte mi Jechu ya estaba roncando. De inmediato me tomé la media pastilla de Clonazepam que tomo todas las noches -ustedes disculpen, la Dra. Marce dice que no puedo dejarlo-, me puse todos los suéteres que encontré y acomodé mi cabeza entre las frías almohadas para después pedir al cielo que al día siguiente amaneciera viva.


Y nuevamente... ¿qué pasó?, que abrí los ojos y... ¡no me muero no me muero no me muero no me muero no me muero!, pero entendí la moraleja:


"El día de San Valentín, no se regala nada a nadie".


Bueno ahí les dejo un video para que se alivianen. A mí me gusta un vergo el video. 'Ai disculpen las groserías pero a mí ya me alivianó.












Ah que la ch...

domingo 10 de enero de 2010

Hoy me siento como los niños que lloran y lloran y no saben el porqué.

Lloré mientras me tomaba el chocolate caliente que me hizo mi mamá.

Lloré mientras me comía la ensalada de lechuga con aceite de oliva que me preparé por la mañana. También le puse pimienta y sal de ajo.

Lloré cuando me vi en el espejo y advertí en mi anatomía las clavículas más marcadas del mundo.
Lloré al verme el ombligo mientras me tallaba la panza al bañarme.

Me levanté de la silla mientas escribía esto y caminé hacia la ventana. Lloré mientras veía la casa del vecino de enfrente.

Lloré mientras veía cómo me temblaban las manos al escribir en el teclado.

Luego dejé de chillar cuando me di cuenta que mi mamá había llegado del súper. No es que no me guste dar explicaciones: es que no hay explicación.

Me siento como perseguida por La Huesuda.

Mañana voy a ir con la doitora Marcela y le voy a decir que su Prozac vale verga.

sábado 2 de enero de 2010

Clonazepam (5-(2-clorofenil)-1,3-dihidro- 7-nitro-2H-1,4-benzodiazepina-2-ona)
+
Prozac (C17H18F3NO)
+
Cannabis en cantidades molares poco más que "normales" (C21H30O2)
+
Vino tinto (CH3CH2OH)
+
Whiskey (CH3CH2OH)
+
Cerveza (CH3CH2OH)
(nótese 3(CH3CH2OH), o sea un chingo)
+
Ibuprofeno (C13H18O2)


¿Y qué pasó?

¡¡¡Que no me muero que no me muero que no me muero que no me muero que no me muero que no me muero que no me muero que no me muero que no me muero que no me mu...!!!

Y esto es lo que sucede

sábado 26 de diciembre de 2009

Verte alejándote fue lo mismo que sufrir tu muerte, L., moreno jovencito.




Y aunque no siempre es así, con todos mis fármacos, a veces siento que estás muerto pero que ya estás en el cielo


...pero cuando tengo frillito o llueve, en el fondo quisiera que te murieras muchas muchas muchas muchas veces más, enclenque.

sábado 19 de diciembre de 2009

Toma un comprimido de Clonazepam por la noche, y cuánto quieres apostar a que:

1.- El chiste más estúpido te hará reír, y reír, y reir, y...



2.- Irás sonriendo por la ventanilla del bus mientras te transportas de un lugar a otro.



3.- Tomarás todas tus decisiones basadas en... no sé.



4.- Así como los llamados "ratones viejos", podrás permanecer estático en algún lugar durante laaargo tiempo.



5.- Sentirás placer alaaargaaandooo laaas paaalaaabraaasss.



6.- Sobredopado, fácil podrías dormir durante tooodo un día.



7.- Te gustará decirle a todo mundo que estás dopado, je je je.



8.- Difícilmente te pondrás nervioso, pero entonces cualquiera podría ser presa de tu furia.



9.- A veces duele la cabecha.



10.- Creo que también se te quita el hambre, no sé...



11.- Todos te verán raro cuando vayas a la farmacia y tengas que sacar tu credencial de elector y la mother para poder comprar tus píldoras, ¡hasta la misma empleada!



12.- Será preferible que, como los viejitos, pidas auxilio a una buena persona para que te ayude a cruzar la calle o la avenida.



13.- Cantarás por la mañana mientras desayunas.



14.- Con esfuerzo físico de más, te sentirás débil y se te dilatarán las pupilas.


15.- ¡Ahhhh, qué rico bostezarás!


Bueno, ya, huyo, no sin antes presumirles que mañana es mi cumpleaños y haré una fiestota.


Ya cuando se me pase la cruda -por ahí del jueves- les contaré los detalles y hasta fotos habrá.


See ya.

¡Ea ea, la cumpleañera!

jueves 17 de diciembre de 2009


Tooooooooooooodos están invitados a mi fiestonga.


¡Vamos, vamos, vamos, nomás dénle click en el flayer que Pedrito Escobar me hizo el favor de diseñar!

¡Acompáñenme y fúmenos y bébanos y cómenos y báilenos y y y y...!

¡Pleaaaaaaaaaaaaaaase!

Tú eras mi curita

miércoles 2 de diciembre de 2009

No es que me guste platicar cosas de este tipo, pero probablemente estaría chido externale a este miserable mundo lo que en los últimos días -y no precisamente en los de mi vida, ¡damn...!- ha ocurrido.



Pues así estuvo el mondongo. Comenzando noviembre -o por ahí-, La Coloreteada se puso rete triste. Sus chapitas se le desvanecieron, se puso medio amarillenta y hasta blanca se le veía la trompa. Nada quedó de esa morenaza de fuego -sí, claro...- de sonrisa medio fea, pero sonriente.



Y pos luego la cosa se puso pior cuando supo que L. tenía chica; quiero decir, cuando supo que L., el jovencito con el que compartió parte de su adolescencia y algunos años más ya no la quería. El día que L. se lo dijo a La Coloreteada, ella no pudo decirle nada de lo que quería decirle y regalarle a él, y quedaron en verse después, cuando él tuviera tiempo, porque ya tenía que irse , seguramente porque "cierta individua" aguardaba su llegada.



Entonces La Coloreteada hasta perdió el apetito -nada de tacos de suadero o cosas que se le parezcan-, no pudo dormir en días, sufrió ataques de ansiedad, vomitaba -lo casi nada que comía- y a punto estuvo de darle una parálisis facial. Era claro que la situación ya había sobrepasado los límites, y fue así que tuvo que pedirle a su jechu, el martes 10 de noviembre, que la llevara con el doitor.



Y ahí estaban la Jechu y su desmejorada hijita de casi dos metros en el consultorio: "Pues sí, doctora, tengo esto esto y también esto y...", y el diagnóstico fue: depresión. Entonces me recetaron melatonina para poder dormir, Omeprazol para la acidez excesiva en el estómago, Tribedoce para que se relajaran los músculos y Prozac, para eso de la gacha agüitada.


Ese mismo día, por la noche, La Coloreteada le regaló a L. su libro firmado y una ocarina en forma de águila -y bien chicles porque también sonaba como águila- para simbolizar que con todo su corazón "lo dejaría ir", pero L. apenas hizo algún gesto y ni siquiera la felicitó por su libro. Así fue de triste, pero lo abracé y me gustó acariciar su cabello ondulado por última vez, aunque él apenas me habla y dice "esperar que me mejore".



Estaba feo el asunto porque además La Coloreteada estaba en temporada de exámenes parciales -Química Orgánica II y Física, ¡para acabarla de amolar!-. No tenía cabeza para nada... ¿quién iba a tener cabeza después de días sin dormir ni comer?, así que les pedí a mis profesores que no fueran gachos y me dejaran posponer los eisámenes.



Ambos fueron flexibles conmigo, sobre todo el maestro de Física, porque la de Orgánica me hará exámen acumulativo... ¡y un examen acumultivo de Química Orgánica II es casi como un hoyo negro!, y entonces comencé a meterle fármacos a mi cuerpo indiscriminadamente: las inyecciones y los otros tres medicamentos.



Miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo seguía con el ánimo más muerto que Michael Jackson, pero todavía pude dormir un poco mejor miércoles, jueves y viernes. Del apetito ni hablar: de plano dejaba la mitad del plato del cereal de la mañana y el resto del día no me entraba nada en el estómago; ni siquiera secretaba la saliva que normalmente es secretada para poder metabolizar los alimentos. Sábado y domingo fueron fatales, la ansiedad no cesaba y aun tomando dos comprimidos no podía dormir.



La cosa entonces sí que estaba fea feita, tuve que ir de new con la doitora el lunes y ¡oh, malas noticias!. Resulta que un porcentaje mínimo de las personas a las que les recetan Fluoxetina les sucede lo que que a mí, es decir todo eso de la ansiedad, la sensación de hormigueo en cara, brazos y piernas, así como otra no muy intensa de sofocación, y pues... ¿qué creen?, que mi muy desagradable persona está dentro de ese porcentaje mínimo.



"Yo no quería -me dijo la doitora-, pero si la melatonina no te ha funcionado, lo que sigue es... ¡chaca cha chán!... C-l-o-n-a-z-e-p-a-m". Qué miedo. Este medicamento es controlado y recetado a personas que convulsionan o padecen el transtorno obsesivo-compulsivo, o que sufren de una ansiedad excesiva. El diagnóstico cambió de depresión a depresión mayor y pues desde entonces comencé a tomar este medicamento. La Coloreteada se subió a la báscula y de martes a lunes adelgazó 2 kgs.



A los 14 días de tomar la Fluoxetina tenía que acudir nuevamente con la doc para ver qué show con el antidepresivo, ya que funciona de manera acumulativa, y pues mi cuate el David me hizo el paro y me acompañó en una clase libre de la universidad. Agarramos un 33 afuerita de la uni y en un segundo llegamos al consultorio.



"Doctora el C-l-o-n-a-z-e-p-a-m -y es que así siento que lo digo desde que lo tomo- me ha funcionado muy bien, duermo mis horas, no me levanto en la madrugada, ya tengo apetito... pero así que diga qué súper-mega-cambio con el Prozac, pos no". Y todo fue tan sencillo como duplicar la dosis: una por la mañanita cuando sale el sol, y otra por la noche de frío entumecedor.



Ahora creo que me siento mejor. Ya llevo algunos días así -y para tener una vaga idea tendría que contar cuántas pastillitas me quedan, porque me siento un poco lenta y probablemente no podría contabilizarlos-, y estoy haciendo cosas que también creo que me hacen sentir mejor. El domingo me la paso junto a mi ventana pintándome las uñas, quitándome las espinillas (de pronto recordé a Bukowski: 'Me inclino hacia el sol tras una cortina amarilla') y epilándome las cejas. Salgo con mi amigo Esteban a trotar y terminando subimos a la azotea de mi casa a aplastarnos y fumarnos unos cigarritos. Todos los días antes de salir de la casa le pido a mi mamá que me dé un abrazo, y ella todos los días me manda mensajes muy chistosos a mi celular, cosas como: "Polita que estés bien, no fumes mucho y te abrigas bien y te portas como una reina y no les hagas caso a los rufianes ok bye". En los recesos entre clases huyo hacia cualquier lugar con un poco de sol y expando mi poco menos voluminosa humanidad cual lagartija veraniega, y para ser más honesta, de cuando en cuando suelto una que otra lagrimita cuando veo los árboles y recuerdo la época en que L. pasaba por mí a mi casa y me llevaba a la universidad, así, todavía modorra y en pants. Llegábamos a la uni y con un frío espantoso me dejaba afuera del salón, y a mí me gustaba abrazar su delgadez con su muy ceñida vestimenta blanca de médico, que me dejaba verle todo todo todo todito. A veces nos toqueteábamos entre la oscuridad de la casi madrugada, ja ja, minutos antes de entrar a la clase de las 7:00 a.m. Qué chido era ver sus brazos morenos bajo su camisa blanca tipo polo, y eso que les pasa a los hombres cuando recién se despiertan... je je. También escuchábamos a los pájaros.



Dicen que de los males el menos pior: pues resulta que en estos pocos días he adelgazado alrededor de 5 kilos. Es increíble: lo que no me quedaba ahora me queda a la perfección y lo que me quedaba flojito ahora me queda enooooorme. Creo que me veo menos cachetona, las caderas se me han afilado un poco e incluso creo que mis piernas se ven más delgadas. Debo confesar que me siento un poco extraña con este nuevo espíritu y esta nueva anatomía.


Mis días se desarrollan casi siempre de la misma manera: me levanto a las 8:00 a.m. con un poco de nostalgia, desayuno cualquier cosa -casi siempre fruta con yogurt y granola, y una gelatina-, me preparo mi lonche para el trabajo, me meto a bañar tallando enérgicamente todo lo que pueda tallarse, eso sí, mientras escucho música en mi celular -procuro que no sea música que me recuerde a L.-, terminó y me medio arreglo para ir a la universidad. Acabándome de poner el abrigo tomo mi mochila, mi "toper", mi botella de agua y reviso que traiga lo básico: llaves, dinero y el celular, salgo de mi casa y me voy caminando a la universidad. Hago poco menos de 20 minutos y tomo mis tres clases. Terminando corro con mi compa el David hasta la parada de camión, esperamos el 35 y nos vamos dormidos en el armatoste hasta que llegamos a nuestro destino: mi trabajo y su casa, que está a unas cuadras de donde laboro.


Aquí quesque trabajo y con hoy llevo 3 días haciendo este post mientras tomo té rojo, tratando de desmenuzar mi existencia durante todas estas semanas. Reflexiono, me detengo frente al monitor, escucho a mis jefes hablar, contesto alguna que otra llamada telefónica de algún cliente y a veces volteo a la derecha, hacia el enorme ventanal y pienso que estos últimos días han estado nublados y han sido fríos. A veces también me dan ganas de llorar y pienso que L. tiene frío. Me volteo a ver los pies y me da risa al verlos: ahora tuve que ponerme calcetines porque siento mucho frío, y eso de traer calcetines es algo inusitado en mi persona. Todos aquí me dicen que son calcetines de viejito, porque son de color café; la verdad es que son de mi papá.


Al final de la jornada laboral, ya que lavé mi taza y los recipientes donde traigo mi comida, arreglo mi escritorio, tomo otra vez mi mochila y camino hasta Alameda a tomar el 19; cuando llego ya traigo las manos y la nariz heladas. A veces tengo suerte y el camión llega tan pronto que no tengo tiempo para recordar a aquél, pero a veces no y con el trino de las aves del camellón pienso en L., y entonces es como si alguien me atravesara un desarmador entre las vértebras.


Tardo alrededor de 40 minutos en llegar, y como el C-l-o-n-a-z-e-p-a-m me tiene medio adormecida, pues me vuelvo a dormir en el camión y es hasta que el chofi me echa un chiflidito que despierto la mona y entonces sí camino hasta mi casa.


Abro la puerta, saludo a mi Jechu, me dice que se enojó con mi hermano -pero a mí no me preocupa, porque sencillamente no puedo hacerlo-. Me tomo mi Fluoxetina de la noche, me ceno cualquier cosa o a veces sólo un choquito, y varias cosas pueden pasar antes de que me tome el C-l-o-n-a-z-e-p-a-m -debo tomarlo antes de dormir-: huyo hacia la casa de Esteban para fumar un ratón, huyo hacia la casa de Arlette para platicar cosas poco importantes aplastadas sobre su sillón -también mientras fumamos-, entro a internet para hacer o deshacer una que otra tarea, o me hago acompañar del Esteban para ejercitarnos en Canal Interceptor. Lo que más me gusta es el estiramiento que hacemos al final. Apenas y podemos correr o trotar, siempre me trae botada de la risa con todo lo que dice -y hace- y más bien me dan ganas de arrojarme al pasto para emitir deliberadamente mis carcajadas. Él me ha echado mucho la mano -y en buen plan... je je-.


Me he acercado a mi familia, me he acercado a mis amigos, la gente que quiero siempre está ahí para darme un abrazo si lo necesito. He recibido apoyo incluso de quien no lo imaginaba, hasta mi papá me invitó a desayunar al café Terán, eso sí, aprovechó para echarse un ajedrez, me dio una lana y hasta me pagó el taxi a mi cantón.


Desconozco hasta cuándo el Prozac me hará sentir mejor -creo que ya comienzo a sentir algunas cosas, pero como siempre he estado medio rara, la verdad es que no sé ni qué transa-, y buscando alguna conclusión podría decir que mis días son como una montaña rusa en uno de cuyos vagones me encuentro plácidamente dormida, mientras el sujeto de al lado vomita sobre mi hombro ante mi somnolencia.


Pero eso sí, cada vez que despierto y me veo estas ojeras y la cara flaca frente al espejo mientras me lavo los dientes, una sensación agridulce me da un poco de paz, porque... ¡juro que con mis pastas, voy a ser más feliz que L.!



He just did it

viernes 9 de octubre de 2009

Creo que debo de comenzar por algo, así que lo haré sin saber si esto es realmente el principio.

Mmm... pues sí. E. me botó cual si yo fuera una pelota de voleibol, aunque tratándose de mí más bien debería decir que como una pelotota de playa.

En los metros que recorre ese tiro parabólico, cosas grandes muy grandes que yo quería construir sencillamente comienzan a desintegrarse.

Algo me ha quedado claro al vivir esto: sigo siendo la misma mona no apta para razonar lo que me hace sentir mal... y por eso quiero decir que lo odio lo odio lo odio lo odio lo odio lo odio lo odio lo odio lo odio lo...

Y como últimamente ando de teenager, lo que sigue es el video de una canción muuuuuuuuy ñoña pero que me gusta un chorro, ¿qué tiene?, ¿algún problema?, ¿a alguien le importa?, ¿a E.G. le importa?, claro que no, por eso no tendría por qué interesarle a alguien.

Bueno ahí les va.